Marcha Mundial de Mujeres : En la ruta de la Soberanía Alimentaria
Marcha Mundial de Mujeres : En la ruta de la Soberanía Alimentaria

Marcha Mundial de Mujeres : En la ruta de la Soberanía Alimentaria

Por:

Mafalda Galdames, Sarah Luiza de Souza Moreira y Kelly Gutierrez de la Marcha Mundial de las Mujeres Américas.

Nosotros y nosotras, los más de 500 representantes de más de 80 países, de organizaciones de campesinos y campesinas, agricultores familiares, pescadores tradicionales, pueblos indígenas, pueblos sin tierra, trabajadores rurales, migrantes, pastores, comunidades forestales, mujeres, niños, juventud, consumidores, movimientos ecologistas y urbanos, nos hemos reunido en el pueblo de Nyéléni en Selingue, Malí, para fortalecer el movimiento global para la soberanía alimentaria.

El Proceso:

Foro Mundial por la Soberanía Alimentaria

Nyéléni, Selingue, Malí, 23 al 27 de febrero de 2007

Este Foro Mundial por la Soberanía Alimentaria se produjo en el continente africano, en el país de Malí, en la región de Sikasso, ubicado a 140 kilómetros de la capital Bamako, en un lugar especialmente bello por las características del lugar, en un espacio abierto al costado de un gran represa de agua, que lleva el mismo nombre de la Comunidad de Selingue. Allí fueron construidas por la propia comunidad, las instalaciones del campamento, específicamente para reunir a los delegados y delegadas en que se instalaron las cabañas para los alojamientos y espacios para la discusión y debates, en plan austero y rústico dadas las condiciones económicas de su territorio. Sin embargo el cariño, la afectividad y la alegría de los lugareños y vecinos del lugar fueron el valor agregado a los días de convivencia que se tuvimos en ese inolvidable evento que marcó el inicio de un proceso cargado de simbolismos y gestos de humildad y solidaridad de las organizaciones anfitrionas de la Vía Campesina, la Marcha Mundial de las Mujeres y otras organizaciones internacionales que creyeron en este proyecto de vida, que es la lucha por la soberanía alimentaria de los pueblos.

Este encuentro asumió por unanimidad de los y las participantes, el nombre Nyeleni, en honor y como homenaje a la mujer campesina así llamada por sus padres, que como cuenta de la leyenda, contraviniendo las rígidas normas y costumbres de su comunidad, asumió en tiempos de escasez la producción de alimentos para su familia.

La primera declaración que tuvo la virtud de convocar a los movimientos globales que asumen la defensa de la producción de alimentos sanos y diversificados, declaró:

La mayoría de nosotros somos productores y productoras de alimentos y estamos dispuestos, somos capaces y tenemos la voluntad de alimentar a todos los pueblos del mundo. Nuestra herencia como productores de alimentos es fundamental para el futuro de la humanidad. Este es particularmente el caso de mujeres y pueblos indígenas que son creadores de conocimientos ancestrales sobre alimentos y agricultura, y que son subvalorados. Pero esta herencia y esta capacidad para producir alimentos nutritivos, de calidad y en abundancia, se ven amenazadas y socavadas por el neoliberalismo y el capitalismo global.

Desde «Nyeleni», el compromiso asumido por las delegadas que asistimos desde las diferentes organizaciones y regiones del planeta hemos difundido el principio de la soberanía alimentaria y lo hemos incorporado en nuestros planteamientos por la defensa de la agricultura campesina, la defensa de la pesca artesanal, la defensa del cuidado de la naturaleza y los bienes comunes, asumiendo que el principio de la soberanía alimentaria abarca todas estas legítimas demandas, por el derecho humano a la alimentación y a una vida digna.

Diecisiete años después: La lucha por la soberanía alimentaria

Hace 17 años, fue este un importante Foro que afirmó la Soberanía Alimentaria como principio desde procesos anteriores ante la OMC y posteriormente en un Foro de soberanía alimentaria realizado en Cuba, donde se planteó que la FAO asumiera en sus programas la Soberanía Alimentaria. Desde antes trabajamos en nuestras propuestas, pero desde allá se reafirmó este concepto para dar nombre a una lucha que varias de las organizaciones de los movimientos sociales, de las feministas y de las organizaciones de mujeres feministas urbanas ya hacíamos, afirmando la defensa de la alimentación sana y los derechos de autonomía por su producción, comercialización, consumación. Es verdad, que hubo un proceso de conectar esta reflexión a la defensa de los derechos humanos en general y específicamente por los derechos sexuales y reproductivos, incluido el derecho a decidir por la libre determinación de su cuerpo en lo que a la reproducción de la especie se refiere.

En este proceso de fortalecimiento de las luchas, seguimos colectivamente un trabajo de concientización lento y de avance continuo en la integración de la soberanía alimentaria en los movimientos populares e intelectuales, que integren este derecho en sus plataformas de reivindicaciones sociales y económicas, como el derecho a la tierra, al agua y la defensa de la naturaleza como un todo para sostener la autonomía y soberanía de los pueblos y su vez hacer el proceso de integrar entre los movimientos mixtos el derecho a decidir que sostienen las mujeres en aras de una vida plena. Vale decir que ha sido una lucha importante afirmar la relación intrínseca entre la soberanía alimentaria y el feminismo, al colocar sobre la mesa que históricamente fueron y son las mujeres las responsables por garantizar la alimentación para toda la familia, la comunidad y la sociedad, pero que es necesario reconocer sus conocimientos y prácticas tradicionales como trabajo que tiene garantizado la sostenibilidad de la vida. Las feministas afirmamos aún la necesidad de cuestionarnos y enfrentamos la división sexual y racial del trabajo que tiene sobrecargado y adolecido los cuerpos y la salud de las mujeres. ,

Hoy a 17 años del aquel histórico Foro, la Declaración mantiene su vigencia y mirando a través de todos estos años podemos decididamente afirmar que hemos avanzado en la socialización de nuestros planteamientos, que a pesar de tener un sistema comunicacional adverso que se lía al gran capital, que no difunde nuestros mensajes y que hace omisión a la denuncia a los atropellos a los derechos humanos y a las violencias patriarcales, racistas y colonialistas que seguimos viviendo. Nuestro compromiso por la defensa de la soberanía alimentaria se extiende a través de los continentes y se sostiene con contenidos prácticos como lo son: la trasmisión de conocimientos y saberes ancestrales para cultivar las huertas, la defensa de las semillas nativas y/o criollas, el intercambio de productos de campesinxs y productorxs, el comercio local, la conservación de alimentos estacionales, la producción de manufacturas textiles artesanales, todo en un circuito que requiere de cuidado de la naturaleza, su biodiversidad, incluyendo sus montañas, ríos, lagos y mares, así como el cuidado com la vida, la salud y el corpo-território de las mujeres.

¿Qué entendemos por soberanía?

Soberanía es la voluntad política que posee un pueblo con derechos a tomar sus propias decisiones, en autonomía para manifestarse, con independencia de poderes externos.

La soberanía alimentaria es la libertad y la capacidad del pueblo y sus comunidades para ejercer su derecho a alimentarse y producir su propia comida, y luchar contra el poder de las transnacionales y otras fuerzas que destruyen los sistemas de producción populares. Es el derecho de todas las personas a tener acceso a una alimentación de calidad, en cantidad suficiente y con respeto a su cultura.

  • El derecho individual a la alimentación se articula a una dimensión social de cómo este alimento es producido, considerando prácticas que respeten el medio ambiente, las relaciones igualitarias entre las personas, el acceso a los recursos naturales envueltos en la producción comoel agua, la tierra, la semilla y los mercados locales.

Defiende los principios de justicia, solidaridad y cooperación como forma de fortalecer la agricultura campesina, en cada unidad familiar y comunitaria y en la articulación entre ellas.

Es una propuesta de carácter amplio que incorpora la defensa de una reforma agraria justa, el control de los territorios por los pueblos que viven en ellos, los mercados locales, la biodiversidad, la autonomía, la salud y la calidad de vida.

Los pueblos agrícolas reconocen la contribución económica, social y cultural de la producción campesina y de las mujeres en los circuitos de distribución local y son capaces de definir políticas, recursos económicos, estructuras, centros de investigación y extensión en este sentido.

¿Cuál es la contribución de las mujeres en la construcción de soberanía alimentaria?

Las mujeres de la Vía Campesina se afirman: “como protagonistas en la construcción de otro mundo posible, y se proponen defender, fortalecer y ampliar las organizaciones para luchar por la soberanía alimentaria; por el derecho a la tierra, el agua y el territorio; por las reformas agrarias integrales; por la defensa de las semillas como patrimonio de los pueblos; por la soberanía económica de las mujeres y por la soberanía de los cuerpos y los territorios”. Amplios sectores del movimiento de mujeres y feministas, como nosotras de la Marcha, estamos de acuerdo con lo que plantean las mujeres de la Vía Campesina y nos sumamos a esta lucha.

La Huerta, como experiencia de ejercicio de la agroecología y la soberanía alimentaria

  • Es un espacio sustentable para cultivar los vegetales más comunes de autoconsumo. Las hortalizas, comparten el mismo espacio con especies arbóreas, flores y hierbas que cumplen distintos fines ya sean, estéticos, culinarios, rituales y/o medicinales. La huerta constituye un ecosistema de flora y fauna habitado especialmente por grupos de aves silvestres, animales menores e insectos que mantienen una estrecha relación con las plantas, proporcionándole generalmente beneficios.
  • Las mujeres y las huertas: Son las mujeres quienes asumen la mayor responsabilidad sobre este espacio productivo. Es la mujer el sujeto central de su cuidado, organización, manejo y conocimiento; además de la toma de decisiones y la manipulación directa de las semillas, cultivos y cosechas, cuyos productos son destinados principalmente hacia el uso culinario.
  • Las mujeres poseen valiosos conocimientos ancestrales que se transmiten de generación en generación. Estos saberes abarcan aspectos detallados sobre las hojas, los frutos, los tubérculos, las semillas y las plantas comestibles. Además, tienen un profundo entendimiento de los diversos usos de estas plantas, así como de los lugares y las estaciones del año en que se pueden encontrar.

La Marcha Mundial de las Mujeres y la Soberanía Alimentaria

Desde la Marcha Mundial de las Mujeres hemos hecho un recorrido primero a través de aceptarnos y definirnos como feministas. Nosotras tenemos una historia larga a través de los movimientos feministas y nosotras reconocemos el aporte que nuestras antepasadas han entregado en la lucha por los derechos de las mujeres, desde esa larga historia que tienen los movimientos de mujeres y/o feministas que hemos ido tratando de territorializar en nuestro continente que es las Américas, que es nuestra Abya Ayala.

Hay muchas luchas de las mujeres en Abya Yala y otras regiones del mundo de caracter feminista, aunque no necesariamente se puedan definir como feministas por las realidades territoriales en las que se encuentran insertas, por ejemplo en los quilombos protagonizados por mujeres como Teresa de Benguela. Desde allí hemos desarrollado y procesado nuestros feminismos, por lo tanto en este proceso hemos incorporado a nuestro movimiento un feminismo popular, un feminismo de clase, un feminismo que se identifica con los respectivos territorios donde habitamos, feminismo que tiene relación con las otras organizaciones de clase en las que participamos dentro de los movimientos sociales. Este es un feminismo que se declara por supuesto autónomo de las instituciones públicas, de las instituciones religiosas y por supuesto que lucha por la autonomía desde todo punto de vista.

Entonces, desde hace muchos años, desde que llegó la propuesta de la Vía Campesina hacia las organizaciones, de asumir el principio de la soberanía alimentaria, La Marcha Mundial de las Mujeres, en alianzas con las otras organizaciones que participaban en la CLOC, La Vía Campesina y en otras redes que tienen que ver con la defensa de los derechos humanos, con la defensa de la tierra en los territorios, con la defensa del agua, principalmente, porque estamos claras que sin tierra y sin agua no puede haber producción de semillas y no puede haber entonces una producción libre de alimentos. Desde nuestra mirada femimista, contribuimos con el contenido colectivo planteando, por ejemplo, la socialización del trabajo doméstico invitando a las mujeres de las ollas comunitarias a participar de esta reflexión.

Desde las organizaciones campesinas, también de las organizaciones que defienden un consumo alimentario sano, un consumo alimentario que esté libre de agrotóxicos, de plaguicida, que defienden la estacionalidad de los frutos y de la producción de alimentos, desde Nyeleni hemos desarrollado un trabajo en redes para desarrollar un trabajo colectivo que le dé contenido a las diferentes visiones, que tienen que ver con la soberanía alimentaria, que tiene que ver con la defensa de las semillas y hemos ido afianzando nuestro feminismo popular desde las organizaciones de mujeres que viven en las ciudades y también participan desde lo urbano. Nuestras organizaciones se caracterizan por tener integrantes rurales, campesinas e jóvenes urbanas y también mujeres profesionales. Entonces nuestro deber político es estrechar vínculos con las organizaciones ambientalistas, con la socialización del trabajo doméstico y de los cuidados, invitando además de las ollas comunes y/o comunitarias a participar.

Esa es una de las tareas también en las otras organizaciones que apoyamos y participamos como son las organizaciones de mujeres campesinas que integran la CLOC, Así también la agroecología, la defensa de la semilla y la soberanía alimentaria son parte de los planteamientos del feminismo campesino que llegó para quedarse en las organizaciones campesinas y desde ese feminismo campesino popular ha sido importante la definición de qué identifica este feminismo campesino popular. Primero la identidad con los territorios y la tierra, la identidad con las formas de producción agrícola, con la producción sana, limpia con el comercio local, con el intercambio de saberes, con el intercambio de conocimientos desde lo que significa la transmisión de generación en generación de una producción agrícola que se hermana con la agroecología, con la permacultura, etc.

Ahora le llaman agroecología, pero desde siempre ha sido una agricultura campesina y que ha sido la que ha respetado los ciclos de la naturaleza, que ha sido también la que respeta el cansancio que tienen las tierras cuando se siembra de forma indiscriminada y cuando se fumiga con demasiado uso de agrotóxicos; tenemos en esta historia entonces, un proceso de continuo, ya de continuo avance de nuevos conocimientos que van de la mano con la agroecología, con la soberanía alimentaria, con el feminismo campesino popular y como es también el tema de los cuidados. Es un tema relevante en estos principios que se están hermanando y que cada vez se van entrelazando.

Así que estamos hermanadas en este feminismo que defiende la soberanía alimentaria, la agroecologia y la economía feminista. La economía feminista es otra de las teorías que se ha implementado desde el feminismo de clase y desde feminismo popular y estamos entonces estableciendo estas relaciones y estas intersecciones que tiene el feminismo de clase, el feminismo popular, el feminismo comunitario; así nosotras reconocemos y consideramos que en estos momentos hablamos de los feminismos, no se habla de un solo feminismo, hablamos de los feminismos, porque tenemos clara conciencia que hay corrientes ideológicas que tienen que ver con territorios, con identidades, con los pueblos originarios, con las mujeres, que tienen que ver con sus distintos grupos culturales y donde se ubican nuestras compañeras desde los orígenes.

Así como también estamos hermanadas en este feminismo que defiende la soberanía alimentaria, que defiende la agroecología, que defiende la lucha por los territorios, que está en contra del extractivismo, que está en contra de los sistemas patriarcales capitalistas, que solamente están pensando en el lucro y en el afán de extraer y extraer de la naturaleza cada vez más riqueza sin pensar en la sustentabilidad y en las generaciones futuras.

Tenemos muchas disidencias en torno al sistema capitalista que actualmente está avanzando en el mundo, cada vez luchando por existir y depredar, cada vez más por el afán y la riqueza; tenemos muchos desafíos por delante. Vemos cómo el capital está pintándose de verde y rojo, en una tentativa de disfrazar su proceso destructivo, extractivista y violento. Se han utilizado las tecnologías para hacer una “agricultura 4.0”, con el proceso de digitalización de la agricultura como más un instrumento de control de nuestros territorios. Hay desafíos claros que tenemos que hermanarnos frente a un desafío común y esos desafíos también implican la solidaridad, el respeto, el entendimiento mutuo, el afrontar las crisis con altura de miradas, ser críticas y autocríticas con los procesos que nosotras mismas construimos y que vamos a avanzando desde factores positivos. Debemos eliminar las prácticas que ayudan y fomentan este capitalismo exacerbado y estamos luchando por aunar prácticas que sean solidarias, que nos ayuden en esta historia cada vez más depredadora hacia los cuerpos, nuestros cuerpos, hacia los territorios y hacia la naturaleza.

Tenemos desafíos que concretar ante las instancias gubernamentales, institucionales y mundiales, porque también tenemos que ser claras ante estos instancias que hablan y dicen que están en favor de la humanidad, pero que muy por el contrario hemos visto que se han puesto al servicio del gran capital.

Hacemos un llamado urgente a unirnos y actuar colectivamente ante un sistema capitalista que sigue avanzando de manera destructiva y depredadora. Es vital que pongamos en el centro de nuestra lucha la solidaridad, el respeto mutuo y la autocrítica, porque solo así podremos construir un futuro más justo y sostenible para todos. Los desafíos globales que amenazan nuestra soberanía alimentaria y nuestra justicia social no pueden ser ignorados. Debemos defender nuestra tierra, el agua, las semillas nativas y las prácticas agrícolas sostenibles que han sido transmitidas por generaciones.

Incluso es urgente promover una economía feminista que respete los derechos de las mujeres y los pueblos, y luchar contra un sistema extractivista y patriarcal que pone en riesgo tanto nuestros recursos naturales como nuestras vidas. Esta lucha no es solo para preservar lo que tenemos, sino para cambiar el rumbo, impulsando una visión crítica que nos permita transformar los sistemas actuales y adoptar prácticas más justas, equitativas y sostenibles, donde cuidemos nuestros cuerpos, nuestras comunidades y la naturaleza que nos sostiene.

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