No es posible separar la soberanía alimentaria de la economía social y solidaria, un enfoque concebido por los movimientos altermundialistas y hoy reconocido incluso por las Naciones Unidas. ¿Cómo se encontraron estas dos corrientes? ¿Qué futuro pueden construir juntas? Hablamos de ello con Dražen Simlesa, quien representa a la Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social Solidaria (RIPESS), uno de los movimientos implicados en el Proceso de Nyéléni y participante en el tercer Foro Nyéléni.
¿Puedes contarnos cuál ha sido el trabajo de los movimientos sociales para lograr una Resolución de la ONU sobre Economía Social y Solidaria y por qué es importante?
Bueno, realmente es una historia larga, digna de un libro. Todo comenzó con la creación del Grupo de Trabajo Interinstitucional de las Naciones Unidas sobre Economía Social y Solidaria (UNTFSSE) en 2013. Ahí teníamos estatus de observadores y comenzamos a trabajar junto a otros movimientos sociales y socios para el reconocimiento de la ESS. En 2016 propusimos la idea de una Resolución de la ONU sobre la ESS, el UNTFSSE la adoptó como prioridad y, a pesar de muchos altibajos, pasos adelante y retrocesos, trabajamos incansablemente en ello. El sistema de la ONU es bastante complejo: es necesario encontrar países que lideren el camino hacia la Resolución y otros que la respalden. Así que dependíamos de los cambios políticos en cada país y de los cambios de sus representantes ante la ONU.
Tuvimos una primera versión de la Resolución en 2019 y, desde entonces, hemos realizado mucho trabajo de incidencia y promoción de la ESS, pero también cuidando el concepto y evitando su dilución en formas de «negocios sociales» y «emprendimientos» que no cuestionan el actual sistema económico insostenible e injusto. Tras varias rondas de consultas entre países y nuestro trabajo constante, logramos que 43 países apoyaran el texto final, y la Resolución de la ONU «Promover la Economía Social y Solidaria para el Desarrollo Sostenible» fue adoptada en abril de 2023.
Es importante porque nos proporciona un marco político de alto nivel para seguir promoviendo e impulsando políticas públicas de ESS. De hecho, llama a todos los países a adoptar medidas concretas y políticas para apoyar la ESS. Es aún más importante si recordamos que también se intentó incluir la ESS en los ODS adoptados por la ONU en 2015. Aunque los ODS tienen buenos objetivos, como reducir el hambre, garantizar los derechos de las mujeres o proteger la naturaleza, siguen capturados por la obsesión del crecimiento, que es justamente una fuente de muchos de los problemas que los ODS intentan resolver en el papel. En aquel momento no logramos incluir la ESS en ese marco, pero no nos rendimos.
¿Cuál fue, en resumen, la historia que llevó al nacimiento del movimiento de economía social y solidaria? ¿Quién lo fundó y quiénes lo integran hoy?
RIPESS Internacional es el resultado de los encuentros y convergencias de movimientos sociales que ocurrieron a mediados de los años 90 y principios de los 2000. Es lo que hoy conocemos como el movimiento altermundialista. El primer encuentro fue el de la «Globalización de la Solidaridad», realizado en Lima, Perú, que reunió a activistas, practicantes e investigadores involucrados en la ESS.
Oficialmente, seguimos la historia de RIPESS desde 2002, cuando se fundó la Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social Solidaria (RIPESS). Hoy RIPESS está activa en todos los continentes, con varios cientos de organizaciones que trabajan en la promoción, la educación, la práctica y la elaboración de políticas públicas en torno a la ESS. En conjunto, fomentamos la cooperación entre los miembros y fortalecemos los movimientos progresistas que buscan un cambio social transformador en todo el mundo.
¿Existen gobiernos que hayan adoptado este concepto en su legislación? ¿Cuáles?
Hay ejemplos en todo el mundo. Algunos son fruto de una sólida tradición de ESS y del fortalecimiento del movimiento, con apoyo político, como en Francia o España. En Asia, podemos mencionar el apoyo estatal a la ESS en Corea del Sur, en América Latina en Brasil, y en África en Camerún. A veces es más visible a nivel regional, como en Quebec (Canadá), Cataluña (España) o Trento (Italia), donde existen políticas públicas fuertes en torno a la ESS.
A menudo, los actores de la ESS trabajan en áreas temáticas específicas y, a través de esos canales, logran cambios en las políticas públicas. Ejemplos de ello son el trabajo en Bolivia en el Plan Estratégico Plurinacional en coordinación con el Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural y el Viceministerio de Comercio Interno y Exportaciones, o el trabajo del Movimiento de Economía Social y Solidaria (MESSE) en Ecuador, donde lograron el reconocimiento y la aceptación de las cadenas cortas de comercialización basadas en la solidaridad, mejorando así las condiciones de vida de pequeños agricultores locales.
También debemos ser conscientes de que la ESS está muy alineada con muchos conceptos presentes en legislaciones de todo el mundo, como el «buen vivir» en América Latina o el «gotong royong» en el Sudeste Asiático.
¿Por qué consideras importante que el movimiento de economía social y solidaria se conecte con el de soberanía alimentaria en el Proceso de Nyéléni? ¿Qué puede surgir de esta alianza?
No lo vemos como algo separado. Por eso muchos de nuestros miembros están activos en ambas áreas, conectando en su vida y su trabajo la ESS y la soberanía alimentaria. No concebimos una transformación profunda y sistémica sin un cambio igual de profundo en nuestros comportamientos, prácticas y políticas en el ámbito alimentario.
Del mismo modo, no vemos un verdadero movimiento de soberanía alimentaria y agroecología sin la inclusión de los valores y el enfoque de la ESS.
Vemos nuestra alianza como mutuamente necesaria y de apoyo para tener una visión holística del mundo en esta policrisis, pero también para construir las soluciones que necesitamos.
