Musa Sowe, segundo Vicepresidente de ROPPA (Red de Organizaciones de Agricultores y Productores Agrícolas de África Occidental) y representante de África en el Comité Internacional de Planificación para la Soberanía Alimentaria (CIP), lleva mucho tiempo en la vanguardia de los movimientos agroecológicos de base. Desde el Foro Mundial por la Soberanía Alimentaria de Kandy (Sri Lanka), nos cuenta cómo la agroecología ha transformado la vida de su comunidad, desde las prácticas agrícolas hasta las estructuras de poder.
“Agroecology promotes economic viability and is a solution where farmers can define, determine, and engage in production without extra cost, because they use the natural environment—reducing the amount of fertilizer that is needed.”
Usted suele decir que la agroecología es más que una forma de cultivar. ¿Qué ha cambiado en su comunidad, tanto en la producción de alimentos como en las relaciones entre las personas?
Quiero pensar que la agroecología puede transformar nuestra forma de vivir, no sólo de cultivar. Es un enfoque global que desafía injusticias arraigadas profundamente en nuestra cultura y en muchas otras, especialmente contra las mujeres, los jóvenes y las personas con discapacidad. Al utilizar métodos naturales y minimizar los insumos externos, como los fertilizantes químicos, reducimos costes y mejoramos el medio ambiente. Hemos visto cómo mejora la biodiversidad, cómo se recupera la fertilidad del suelo e incluso cómo mejora la salud. La polinización de los cultivos por abejas y mariposas se hace más estable, y la gente come alimentos libres de productos químicos tóxicos.
La agroecología también puede influir en la dinámica social: ¿qué relación tiene con los derechos de la mujer?
En las zonas rurales, las mujeres producen más del 70% de lo que comemos, pero a menudo no tienen acceso a la tierra, los insumos o las herramientas. Sin tierra, no se puede cultivar. Sin herramientas, no se puede producir lo suficiente. Y cuando las mujeres no tienen voz en las plataformas de toma de decisiones, sus derechos son ignorados.
La agroecología cambia esta situación. Promueve una gobernanza integradora y tiene en cuenta las cuestiones sociales tanto como las medioambientales. Hemos organizado campañas en torno al acceso a la tierra y hemos conseguido que se transfieran títulos de propiedad a cooperativas de mujeres o incluso a mujeres a título individual. Algunos grupos de jóvenes también se han beneficiado. No se trata sólo de inclusión para aparentar; se trata de corregir la injusticia sistémica. Decimos: no son privilegios, son derechos de nacimiento.
¿Cómo practican la soberanía alimentaria sin depender de los sistemas agroindustriales? ¿Han construido mercados locales o alternativas?
La soberanía alimentaria nos permite decidir qué producir, cómo producirlo y cómo distribuirlo y consumirlo, todo ello respetando nuestra cultura y dignidad. No necesitamos seguir el modelo corporativo. Nos organizamos a través de asociaciones de productores, cooperativas o incluso redes informales de agricultores. La distribución puede realizarse en mercados semanales, mediante el intercambio directo o dentro de sistemas organizados de agricultor a consumidor. Pero sigue habiendo problemas: falta de instalaciones de almacenamiento, carreteras en mal estado e incluso políticas que no son favorables a los agricultores. Otro obstáculo son las normas sociales. En muchas comunidades, las mujeres no pueden ir a los mercados a vender sus productos. Así que también trabajamos para cambiar esas normas, asegurándonos de que las mujeres y los jóvenes tengan el derecho y la capacidad de participar en todas las partes del sistema alimentario.
¿Qué significa «comer bien» en tu comunidad y cómo garantizar ese derecho a todxs, especialmente a lxs más pobres?
Comer bien significa comer alimentos nutritivos y limpios que favorezcan tu salud y tu dignidad. No se trata sólo de llenar el estómago. La agroecología nos aleja del monocultivo y de los alimentos procesados. Cultivamos una gran variedad de productos, cada uno de los cuales aporta diferentes minerales al organismo. Y están libres de pesticidas químicos y fertilizantes sintéticos.
¿Puede compartir algún ejemplo de su trabajo de campaña y defensa en la región de África?
Sí, un ejemplo claro es el de la propiedad de la tierra. En muchos lugares no se permitía a las mujeres poseer tierras. Hemos hecho campaña y ahora vemos tierras registradas a nombre de grupos de mujeres y colectivos juveniles. Es un verdadero cambio. Otro ejemplo es la producción integrada: el ganado forma parte del sistema. Sus desechos enriquecen el suelo. Los cultivos crecen mejor, la cosecha es más sana y la gente come mejor. Promovemos este enfoque porque no queremos aceptar «soluciones» corporativas que sólo benefician a unos pocos. Estamos construyendo nuestras propias soluciones, desde la base.
